Este hecho, es atribuido a Dios, valiéndose de su fervor y entrega de Fray Antonio Margil de Jesús.

En unos de sus múltiples pasos por Querétaro, este fraile clavó su bastón en uno de los huertos, retoñando de él un árbol raro, quizás de la familia de las rosáceas o de las leguminosas desérticas, que produjo unas espinas en forma de cruz. Estas espinas son tan perfectas que los visitantes y los creyentes se las lleva como recuerdo o como reliquias“ (Fuente: Guía Histórica y Artística de la Cd. de Santiago de Querétaro, Prof. Eduardo Loarca Castillo pp. 98)